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La Región
Raúl Suárez y una huella educativa en el Champaquí
El docente jubilado recordó el origen y el valor pedagógico de los viajes al Champaquí, una experiencia que la Escuela Nº 234 sostiene desde 1992.

Raúl Suárez, docente jubilado de la Escuela Nº 234 de Empalme, repasó el origen y el sentido pedagógico de los viajes al cerro Champaquí, una experiencia que impulsa desde 1992.
El educador será reconocido el viernes 16 de octubre, durante la primera edición de La Guarida. Para Suárez, la distinción excede su recorrido personal y alcanza a las instituciones que sostuvieron la propuesta durante más de tres décadas.
“Yo voy a ser una excusa para que la distinción sea para las escuelas que siguen apoyando esta actividad y, fundamentalmente, para la Escuela 234 de Empalme”, expresó. Hoy participa del viaje junto a hijas e hijos de estudiantes que acompañó cuando tenían la misma edad.
El origen de una propuesta pedagógica
La experiencia comenzó a tomar forma en 1988, cuando su amigo Claudio Mariani lo invitó a participar de viajes organizados por colegios de Rosario. En la zona, la Escuela San Pablo ya realizaba la actividad y otras personas también frecuentaban el Champaquí.
Suárez explicó que al principio no comprendía el sentido de hacer el viaje por el viaje mismo. El contacto con otras escuelas le permitió descubrir una propuesta pedagógica de gran valor.
El paso decisivo llegó cuando Celia Parodi, entonces directora de la Escuela Nº 234 de Empalme, le preguntó por qué desarrollaba la experiencia con otra institución y no con la propia. A partir de ese planteo, organizaron el primer viaje con objetivos definidos.
“Lo organizamos con objetivos desde las humanidades, porque soy docente de humanidades, no profesor de educación física”, recordó. La actividad física siempre fue transversal, pero el eje estuvo puesto en los aprendizajes humanos que se producían durante el recorrido.
Con el paso de los años, la propuesta fue incorporando cambios a partir de lo observado en cada grupo. La vivencia y el respeto por la naturaleza, los vínculos y la solidaridad quedaron entre sus objetivos principales.
“Siempre o das o necesitás que te den una mano”, resumió al describir una experiencia en la que cada estudiante debe aprender a acompañar y dejarse acompañar.
El esfuerzo y la cima como aprendizaje
Otro de los ejes es aprender a valorar aquello que en la vida cotidiana suele pasar inadvertido. A eso se suma el esfuerzo y la decisión de sostener la marcha aun cuando aparecen el cansancio o las dificultades.
“No te podés volver, no te podés quedar, tenés que llegar”, les repite Suárez a las y los estudiantes. Para el docente, esa exigencia permite trabajar la voluntad y trasladar el aprendizaje a situaciones de la vida diaria, más allá del ámbito escolar o laboral.
La llegada a la cumbre funciona como un punto de inflexión. “La cima es la bisagra donde te das cuenta de lo que podés lograr, algo que parece imposible. Esa cima te marca, te cambia”, sostuvo.
Aunque está jubilado, continúa colaborando desde fuera de la Escuela Nº 234. La dirección de la institución, lo convoca para organizar la experiencia y acompañar al grupo durante ese período.
Suárez también busca que docentes más jóvenes asuman el proyecto y aseguren su continuidad. Cuando le preguntaron hasta cuándo seguirá viajando, respondió: “Hasta que las piernas sigan caminando”.
Su deseo es que las nuevas generaciones mantengan vivo el recorrido. “Ojalá, ojalá así sea”, afirmó ante la posibilidad de que las chicas y los chicos de la Escuela Nº 234 continúen subiendo al Champaquí.