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Villa Constitución
Personaje de la semana: Yonatan Franze
Desde Villa Constitución, un creador de contenidos convierte escenas cotidianas en relatos de cercanía.

Yonatan Franze tiene 35 años y habla con la naturalidad de quien todavía se sorprende por estar del otro lado de una entrevista. Vive en Villa Constitución, ciudad que recorre con el teléfono en la mano, atento a los gestos, a los vecinos conocidos, a esos personajes de esquina que guardan una historia breve y luminosa. No siempre se animó a llamarse influencer. La palabra, admite, le quedaba grande, como si estuviera reservada para otros escenarios. “Antes tenías que ser de Buenos Aires, con unas cámaras súper modernas”, dice. Hoy, en cambio, siente que un celular puede abrir puertas inesperadas: filmar, grabar, editar y compartir aquello que encuentra en la calle.
Su vínculo con los medios empezó de chico, cuando la radio, la televisión y la comunicación le despertaban una curiosidad difícil de explicar. Miraba el Canal 4, escuchaba voces que para él eran referencias y soñaba con ese mundo que parecía lejano. Con el tiempo, esa inquietud tomó forma de videos caseros, entrevistas espontáneas y publicaciones en redes.
Su rutina se reparte entre el trabajo y esa vocación que aparece en los ratos libres. Por la mañana cumple tareas barriendo calles, y también ayuda a José, su jefe, en un taller de carpintería. Después, si ve a un cantor, a un vecino conocido o a alguien con algo para contar, se acerca con respeto. “Sale en el momento”, explica. Habla, pide permiso, saluda y graba. Su marca es la buena onda, una búsqueda deliberada de lo positivo en un entorno donde muchas veces las redes se usan para señalar o exponer. “Hay muchas cosas negativas en Villa”, reconoce, pero él eligió dar vuelta esa lógica.
La historia de Pepe fue una especie de origen. Lo encontró un día sin música, con la cabeza baja, porque no lo dejaban poner sus canciones. Yonatan sacó el teléfono y le pidió que lo contara de nuevo. Después subió el video a Facebook y la publicación explotó. “Yo era como su representante”, recuerda entre risas. A partir de esa escena, Pepe llegó a los medios y cumplió su sueño de estar en televisión. Yonatan quedó en un lugar silencioso, feliz por haber sido puente, aunque con la sensación de que nadie había reparado demasiado en quien había iniciado el camino.
Su biografía también está hecha de demoras y pequeñas victorias. De joven no quiso terminar la secundaria; atravesó problemas que lo alejaron del aula. El año pasado pudo completarla en la EEMPA, acompañado por personas que lo ayudaron a sostenerse hasta el final. Ese logro, contado sin grandilocuencia, aparece como una prueba íntima de persistencia.
En su casa lo esperan su señora, una hija de 11 años, un hijo de 8 y la llegada de un tercer bebé, que ya transita la cuenta regresiva. La familia aparece como sostén y motor, igual que la fe. Participa en la iglesia Rey de Gloria, ubicada en calle Salta, donde se reúne los miércoles y sábados junto al pastor Cristian Enrique y la pastora Lorena. También forma parte del Punto Violeta, donde hace teatro, y va a talleres en Mundo Transversal para aprender a manejar mejor las plataformas. “Estoy en todos lados”, resume, como quien no quiere quedarse quieto.
Aunque no convierte cada video en un mensaje religioso, intenta que su mirada conserve algo de esa enseñanza: escuchar, acompañar, rescatar lo bueno. Un día comparte una palabra de Dios; otro, filma a alguien que canta; otro, registra una escena de barrio. Cada publicación le devuelve una reacción distinta. A veces lo emociona y otras lo asusta. “Mirá hasta dónde llegó”, piensa cuando alguien lo frena en la calle para decirle que vio sus videos. Ese reconocimiento, nacido de lo simple, le confirma que la cercanía también puede tener alcance.
Todavía guarda sueños. Cuando abrió su primer canal de YouTube imaginó llamados de televisión, fama, películas y oportunidades. “Nunca me llamó nadie”, dice, ahora sentado en Canal 4. Allí se sintió pequeño, “como una hormiguita”, frente a un ámbito que miraba desde chico y que asociaba con voces como la de Elio Cabrera o con referencias cercanas como Gustavo Rojas, quien alguna vez le regaló uno de sus primeros micrófonos. En esa mezcla de admiración y nervios aparece el chico que sigue creyendo en la magia de los medios.
No todo llegó cuando lo soñó ni de la manera en que lo imaginaba, pero siguió caminando, estudiando, trabajando, buscando una historia más y cumpliendo objetivos.