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Villa Constitución 21/08/2026

Un camino marcado por el trabajo, la familia y el arraigo

Desde el comercio familiar hasta la venta de autos, su historia combina oficio, vínculos y una pertenencia profunda a Villa Constitución.



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Marcelo Bonacorsi habla con la naturalidad de quien no necesita adornar demasiado una historia para volverla cercana. Su vida parece estar marcada por una pertenencia fuerte a Villa Constitución, ese lugar al que siempre regresó, incluso cuando Rosario apareció como una posibilidad. “Nací en Rosario por casualidad, pero siempre viví, me crie en Villa Constitución”, cuenta, y en esa frase resume buena parte de su identidad: la de alguien que eligió quedarse cerca de los afectos, de los amigos de toda la vida y de una ciudad que lo fue formando.
Antes de encontrar definitivamente su camino en la venta, Marcelo pasó por distintas experiencias que también lo curtieron. Probó estudiar Medicina, trabajó en Acindar, luego en el Banco Nación, y más tarde se incorporó al comercio familiar, aquel que había iniciado su padre y que con el tiempo se transformó en Casa Bonacorsi, en la esquina de Acevedo y Sarmiento. Allí aprendió el oficio desde adentro, entre muebles, artículos del hogar y productos para bebés, hasta que las dificultades económicas del país obligaron a cerrar el local en 1997.
Ese cierre no fue un punto final, sino un cambio de rumbo. Marcelo encontró en la venta de autos una continuidad natural de esa vocación comercial que, según reconoce, “mamó de chiquito”. Pasó por distintas concesionarias y revendedores, siempre ligado al trato con la gente, a la confianza y a esa habilidad que él sintetiza con una sonrisa: “Creo que lo único que sé hacer es vender”.
Pero detrás del comerciante también aparece el hombre de familia, el padre orgulloso de Franco, Enzo y Bianca. Franco, el mayor, siguió de algún modo ese camino ligado a la venta y hoy se dedica al negocio inmobiliario; Enzo está viviendo en Francia, donde trabaja en un hotel; y Bianca es nutricionista, vinculada a centros de día y otros espacios relacionados con su profesión. También está presente su madre, de 93 años; su hermana Claudia; sus sobrinos Luciano y Mariano; y esos amigos de toda la vida que lo acompañaron desde siempre, entre ellos Hugo Dose, Daniel Ulloa, Luciano Giménez y Osvaldo Boulán. En su relato, la familia y los amigos no son un detalle: son parte de la razón por la que Villa Constitución siempre pesó más que cualquier otro destino.
También hay lugar para los sueños que quedaron en el camino. Marcelo confiesa que le hubiese gustado jugar al fútbol en Primera, una ilusión que estuvo cerca cuando apareció la posibilidad de ir a Huracán, pero que finalmente no prosperó. Aun así, no habla desde la frustración. “No estoy disconforme con lo que hago”, dice, porque encontró en el comercio y en la venta una manera de construir su propio recorrido.
Hincha de Riberas del Paraná y de Boca, Marcelo se muestra como alguien atravesado por la memoria afectiva de su ciudad, por el trabajo y por los lazos que sostuvo en el tiempo. A los 68 años, sigue activo, contento y agradecido con un camino que tuvo cambios, cierres, oportunidades y regresos, pero siempre una misma constante: la vocación de estar cerca de la gente.