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Villa Constitución
Veteranos relataron sus vivencias a 44 años de la guerra de Malvinas
A pocos días de una nueva conmemoración del 2 de abril, Albino Isnardo Báez y Osvaldo Carcar recordaron el inicio de la guerra y la importancia de mantener viva la memoria.

En un nuevo aniversario del Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, los excombatientes locales Isnardo Báez y Osvaldo Carcar compartieron un crudo y detallado relato sobre su participación en la gesta de 1982. Los protagonistas, que formaron parte de la Armada Argentina en la Infantería de Marina, recordaron desde el momento de la recuperación de las islas hasta el duro proceso de “desmalvinización” que debieron enfrentar al regresar al continente.
Osvaldo Carcar se encontraba cumpliendo el servicio militar en Puerto Belgrano cuando, el 2 de abril, la noticia de la toma de las islas generó una “algarabía terrible” en la Plaza de Armas, sin imaginar aún que terminaría en el frente de batalla. “El día 7 de abril empezó a haber movimiento en el batallón, darnos mucha ropa y nuestra idea era que íbamos al sur por alguna maniobra”, recordó Carcar, quien finalmente aterrizó en suelo malvinense de madrugada: “Me entero cuando llego a Malvinas a las 9 de la mañana; los pilotos civiles nos dicen 'estamos llegando a Malvinas', ahí me entero que estaba ahí”.
Por su parte, Isnardo Báez pertenecía a una sección de cañones antiaéreos y arribó en un avión Hércules de carga, transportando armamento y municiones. “Nos bajamos, nos recibe el viento fuerte, el clima ya distinto a lo que era acá”, relató sobre sus primeras impresiones. El veterano explicó que tras el arribo fueron trasladados por distintos puntos hasta quedar en las posiciones definitivas donde montaron su defensa.
La vida en las islas estuvo marcada por un trabajo físico extenuante antes del primer ataque británico. “Tuvimos una preparación de más de 20 días preparando todo el terreno porque la idea era que íbamos a una guerra. Laburamos haciendo posiciones y trincheras en una zona agreste y dura; teníamos unas palitas chiquitas para hacer las posiciones”, detalló Carcar. El primer bombardeo, el 1 de mayo a las cinco de la mañana, cambió el día a día para siempre: “Fue una rutina permanente de todos los días bombardeo adentro, ya como que nos habíamos aclimatado”.
A pesar de la distancia y la censura de la época, el contacto con la familia era un motor de resistencia, aunque cargado de incertidumbre. Carcar recordó que escribió apenas tres cartas, cuidando siempre sus palabras. “Uno trataba, con esa edad, de no querer preocupar a la familia. Las cartas las leían. Yo siempre tuve fe que iba a volver; soy católico, creo en Dios y eso me dio fuerza”, confesó, reconociendo que mientras algunos compañeros sufrían crisis extremas, él se aferraba a la esperanza de regresar.
El destino de ambos tomó rumbos distintos durante el conflicto. Isnardo Báez fue evacuado a mediados de mayo tras sufrir un accidente en un dedo, mientras que Carcar permaneció los 77 días que duró la contienda. “Caímos prisioneros el 14 de junio y estuvimos hasta el 20 de junio que volvimos en el último buque, el Almirante Irízar. Estuvimos prácticamente toda la guerra completa”, señaló este último.
Al analizar el impacto social de la guerra, los veteranos fueron enfáticos al pedir que no se demonice la entrega de los soldados. “Nunca hay que ir a una guerra. Pero no demonicemos, nosotros fuimos a pelear por la patria”, sentenció Carcar, quien recordó con amargura los primeros años tras la rendición: “Estuvimos muy discriminados, no se conseguía trabajo, fue una época muy mala de desmalvinización donde pensaban 'a este loquito qué le vas a creer'”.
Actualmente, ambos dedican gran parte de su tiempo a dar charlas en escuelas, una actividad que consideran fundamental para cumplir el mandato de quienes no regresaron. “Hoy la sociedad entendió y más la juventud. Cuando vamos a las escuelas nos sentimos gratificados porque los chicos participan. Estamos cumpliendo el legado de nuestros compañeros caídos: difundir la causa”, finalizaron sobre la labor pedagógica que llevan adelante en nuestra localidad y la región para que lo vivido de 1982 no quede en el olvido.